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¿Porqué me siento triste si migrar era mi sueño?

31 ago
9 min de lectura

Actualizado: 1 sept



Psicología y adaptación migratoria 


¿Te mudaste a Europa buscando una vida mejor y ahora te sientes triste, ansioso, solo o desorientado? ¿Migrar era uno de tus grandes sueños, pero la realidad de vivir en otro país está siendo mucho más difícil de lo que imaginabas?


Quizás estás viviendo en Londres, Alemania, Suiza, Países Bajos, Suecia, Noruega, Dinamarca, Nueva Zelanda, Australia u otro país.

Tienes trabajo, tienes una buena situación económica, has conseguido cosas que antes soñabas, quizás incluso tienes una buena vivienda, viajas, conoces gente y objetivamente tu vida “va bien”. Sin embargo, algo no termina de sentirse bien.


Te preguntas: “¿por qué estoy triste si yo quería estar aquí?”, “¿por qué me siento solo si he conocido gente?”, “¿por qué migrar me está afectando tanto psicológicamente?”, “¿será que no me adapté?”, “¿me equivoqué al venir?”, “¿debería volver a Chile?”


Si alguna de estas preguntas te resulta familiar, lo que estás viviendo puede tener mucho más sentido del que imaginas.


Migrar puede ser tu sueño y, al mismo tiempo, una experiencia emocionalmente difícil


Muchas veces pensamos en la migración como sinónimo de un futuro mejor: nuevas oportunidades, libertad, crecimiento profesional, aventuras, viajes y posibilidades que antes parecían lejanas.


Pero migrar no es solamente cambiar de país, es reconstruir una parte importante de tu vida en un

contexto donde muchas de las referencias que te sostenían ya no están. Por eso es posible sentir ilusión y tristeza al mismo tiempo, puedes estar agradecido por haber podido emigrar y sentir nostalgia, puedes disfrutar de vivir fuera y al mismo tiempo echar muchísimo de menos Chile, puedes estar mejor en muchos sentidos y al mismo tiempo sentirte emocionalmente menos estable, puedes amar tu nueva vida y al mismo tiempo preguntarte si quieres quedarte.

No son contradicciones, son experiencias que pueden coexistir durante un proceso migratorio.



¿Por qué migrar puede afectar tanto psicológicamente?


Una de las razones es que, al migrar, no solamente dejas atrás un territorio, también dejas atrás una red de referencias. En tu país sabías cómo funcionaban las cosas, conocías los códigos sociales, sabías dónde acudir cuando necesitabas algo, tenías contactos profesionales, conocías el sistema, tenías una historia, tu trayectoria era reconocible. Había personas que sabían quién eras sin que tuvieras que explicarlo, al llegar a otro país, muchas de esas certezas desaparecen, tu título puede necesitar homologación.


Tu experiencia profesional puede no ser reconocida inmediatamente, tus contactos están lejos, tu familia está lejos, tus amigos están lejos, tus referencias culturales cambian. Incluso cosas aparentemente simples —hacer un trámite, arrendar una vivienda, buscar trabajo, entender una gestión administrativa o aprender cómo funciona el sistema de salud— pueden demandar una cantidad enorme de energía mental. Y todo esto ocurre mientras intentas construir una nueva vida.



“Antes podía con todo esto. ¿Qué me está pasando?”


Quizás desde que migraste estás más irritable, te cuesta más tener paciencia, te frustras con facilidad, estás más ansioso, te cuesta descansar. Pequeños problemas cotidianos parecen enormes, sientes que tu “vaso se llena” mucho más rápido, y quizás te sorprendes pensando: “yo antes no era así.” Esto puede pasar porque muchas de las cosas que antes hacías automáticamente ahora requieren atención consciente: orientarte en un sistema nuevo, resolver trámites, construir relaciones, encontrar trabajo, posicionarte profesionalmente, aprender códigos sociales, organizar tus finanzas, mantener contacto con tu familia, crear una rutina, encontrar espacios de pertenencia, e intentar seguir siendo tú.


Migrar supone una enorme carga de adaptación. Por eso, sentir ansiedad, frustración, tristeza, irritabilidad, inseguridad o cansancio durante un proceso migratorio no significa necesariamente que hayas tomado una mala decisión.



¿Por qué me siento solo después de emigrar si tengo amigos?


Esta es una pregunta muy frecuente en personas que han migrado, porque la soledad migratoria no siempre significa estar físicamente solo, puedes tener compañeros de trabajo, puedes salir a cenar, puedes conocer gente, puedes tener pareja, puedes participar en actividades, y aun así sentirte profundamente solo. Porque existe otra dimensión de la soledad: la sensación de no pertenecer todavía. echas de menos a quienes conocen tu historia sin que tengas que explicarla, a quienes conocen tu infancia, tu familia, tus costumbres, tus códigos, tus heridas, tus contradicciones, se extrañan las personas que saben quién eras antes de emigrar.


Construir nuevos vínculos es posible, pero construir pertenencia toma tiempo, y mientras tanto puede aparecer la idea: “estoy rodeado de personas, pero no siento que realmente pertenezca.”



El duelo migratorio: echar de menos tu país sin querer volver


También puede aparecer algo que muchas personas no identifican como parte del proceso migratorio: el duelo migratorio: puedes echar de menos Chile sin querer volver a vivir en Chile, puedes extrañar a tu familia y, al mismo tiempo, saber que quieres continuar viviendo fuera, puedes añorar determinadas comidas, celebraciones, paisajes, formas de relacionarte o maneras de hablar. Puedes extrañar quién eras tú cuando vivías en tu país y esto no significa necesariamente que quieras regresar. Extrañar no siempre significa querer volver, a veces significa simplemente reconocer que has perdido algo importante mientras construyes algo nuevo.



“Me va bien, ¿por qué no soy feliz?”


Esta puede ser una de las preguntas más difíciles para una persona migrante con una buena situación económica porque existe una expectativa silenciosa: “si tuve la oportunidad de venir, debería estar feliz.” Quizás tienes un buen sueldo, una carrera profesional, una vivienda cómoda, la posibilidad de viajar, una vida que, desde fuera, muchas personas considerarían “privilegiada”. Entonces puede resultar todavía más difícil reconocer que no estás bien, porque cuando conectas con tu malestar aparece la culpa: “hay personas que darían cualquier cosa por estar donde estoy yo.”, “no debería quejarme.”, “esto era lo que yo quería.”, “tengo que aprovechar la oportunidad.”


Pero tu situación económica no invalida tus emociones, puedes estar agradecido y cansado, puedes reconocer tus privilegios y sentir ansiedad, puedes estar mejor económicamente y sentirte más solo, puedes disfrutar de Europa y echar de menos tu país. Una realidad no invalida la otra.



Migrar en la adultez: cuando empezar de nuevo pesa más


Migrar siendo adulto tiene una particularidad, no llegas vacío, llegas con una identidad ya construida: tienes una profesión, una historia laboral, una manera de relacionarte, una familia, una red, un determinado nivel de autonomía, una forma de entender quién eres, y de repente, parte de todo eso deja de ser visible para los demás.


Quizás en Chile eras reconocido profesionalmente y aquí tienes que volver a demostrar lo que sabes hacer, quizás tenías una red social muy sólida y ahora estás intentando construirla desde cero, quizás estabas acostumbrado a desenvolverte con mucha autonomía y ahora dependes de procedimientos que no conoces, puede pasar que aunque sigas teniendo muchos recursos, te sientas algo menos firme que antes, menos establecido. Todo esto puede llevarte a  sentir que has retrocedido varios peldaños. 



¿Por qué desde que emigré me cuesta tanto poner límites?


Otra experiencia frecuente durante la adaptación migratoria es sentir que tu posición es más frágil, puede que empieces a aceptar situaciones que en tu país no habrías aceptado, que te cueste decir que no, que tengas miedo de perder oportunidades, que pienses demasiado antes de reclamar algo, o que te preocupe equivocarte. Que sientas que necesitas demostrar constantemente tu valor, como si estuvieras permanentemente “pisando huevos”. Aparece miedo muy humano: “¿Y si pierdo lo poco que he conseguido?”


Esto puede ser considerablemente intenso cuando todavía estás construyendo estabilidad laboral, legal, económica o social.



El peso de haber apostado tanto


Quizás has invertido años para poder emigrar, dinero, tiempo, energía, formación, has dejado atrás personas y lugares, quizás renunciaste a una posición profesional, vendiste cosas, cerraste etapas, te alejaste de tu familia. 


Y cuando aparecen dificultades es normal que aparezca la idea: “no sé si esto vale la pena.”, así como también la culpa asociada a pensamientos como:  “después de todo lo que invertí, no puedo volver atrás.”, “ya llegué hasta aquí.”, “esto era lo que yo quería”,  “ahora tengo que conseguir que funcione.”. Entonces continúas, esperas, te adaptas, dispones nuevamente un poco más de ti, hasta que vuelve aparecer el cansancio de sostener una vida que todavía no termina de sentirse estable.



¿Me equivoqué al emigrar?


No necesariamente, y tampoco necesitas responder inmediatamente a esa pregunta. Cuando estamos agotados, ansiosos o solos, es fácil interpretar todo el proceso migratorio desde el malestar del presente. Por eso, antes de tomar decisiones importantes, puede ser útil detenerse y preguntarse: ¿quiero volver porque realmente deseo otra vida o porque estoy intentando escapar del malestar que estoy viviendo ahora?, ¿quiero quedarme porque esta vida sigue siendo coherente conmigo o porque siento que volver significaría reconocer un fracaso?, ¿qué parte de mi vida actual elegí realmente?, ¿qué parte estoy sosteniendo por miedo, culpa o inercia?, ¿qué tendría que cambiar para que vivir aquí pudiera sentirse más mío?


No siempre necesitas decidir inmediatamente entre “quedarme” o “volver”, a veces necesitas primero recuperar tu propio norte.



¿Cómo adaptarse emocionalmente a vivir en otro país?


La adaptación migratoria no significa aprender a soportarlo todo, tampoco significa convertirte en otra persona para encajar, adaptarte puede significar comenzar a construir una vida en la que puedas reconocerte, una rutina que tenga tu identidad, relaciones que te hagan sentir acompañado, espacios donde puedas pertenecer, proyectos que te entusiasmen, límites que protejan lo que necesitas, actividades que conecten con quién eres, una vida que no sea solamente funcional, sino también significativa.


Estar en un país extranjero no tiene por qué significar vivir una vida que te resulte extraña, poco a poco puedes comenzar a hacer de ese lugar un hogar. No porque se convierta en una copia de lo que dejaste atrás, sino porque empiezas a encontrar tu propia manera de habitarlo.



¿Cuándo es recomendable pedir ayuda psicológica después de migrar?


No necesitas estar al límite para acudir a terapia psicológica.


Puede ser especialmente útil buscar apoyo si desde que emigraste notas:

  • Tristeza o sensación de vacío que se mantiene en el tiempo;

  • Ansiedad o preocupación constante;

  • Irritabilidad y menor tolerancia a la frustración;

  • Sensación de soledad o falta de pertenencia;

  • Nostalgia intensa por tu país;

  • Dificultad para construir nuevos vínculos;

  • Inseguridad respecto a tu identidad o trayectoria profesional;

  • Problemas para adaptarte a la vida cotidiana del nuevo país;

  • Culpa por no disfrutar de la oportunidad de emigrar;

  • Conflictos de pareja relacionados con la migración;

  • Dudas constantes sobre si quedarte o regresar;

  • Sensación de estar sobreviviendo en lugar de disfrutar tu vida;

  • Dificultad para encontrar sentido o dirección en esta nueva etapa.


La terapia psicológica para migrantes puede ser un espacio para comprender qué está ocurriendo y diferenciar qué pertenece al proceso normal de adaptación, qué necesita ser trabajado emocionalmente y qué cambios concretos podrían ayudarte a construir una vida más satisfactoria.



Terapia psicológica para chilenos y latinoamericanos que viven en Europa


Si eres chileno o latinoamericano y estás viviendo en Europa, probablemente hay aspectos de tu experiencia migratoria que no necesitas explicar desde cero cuando hablas con alguien que comprende este proceso.


Vivir en Londres no es lo mismo que vivir en Alemania, migrar a Suiza no es lo mismo que establecerse en Países Bajos, adaptarse a Suecia, Noruega, Dinamarca o cualquier otro país europeo tiene sus propias particularidades, pero existen experiencias que pueden ser comunes: estar lejos de la familia, reconstruir una red, adaptarse a otra cultura, desenvolverse profesionalmente en un nuevo contexto, construir pertenencia y preguntarte qué lugar quieres ocupar en esta nueva etapa de tu vida.


Por eso, si estás buscando una psicóloga para migrantes en Europa, una psicóloga chilena para chilenos que viven en el extranjero, una psicóloga online para latinoamericanos en Europa o una terapia psicológica para trabajar adaptación migratoria, ansiedad, soledad o duelo migratorio, este puede ser un espacio para ti.


La terapia online permite trabajar estos procesos con alguien que comprenda lo que estás viviendo, y que no tengas que traducirte, aunque estés viviendo en otro país. Este es un espacio en el que puedes bajar la guardia y ser y estar de una manera honesta y real para poder habitar tu presente de una manera más ligera. 



La terapia puede ayudarte a construir una vida que se sienta propia


La terapia no tiene por qué servir solamente para aprender a soportar mejor la migración, también puede ser un espacio para preguntarte: ¿Qué vida quiero construir ahora?


Para comprender tus emociones, recuperar recursos que quizás olvidaste que tenías, reconstruir tu identidad en este nuevo contexto, aprender a manejar la ansiedad, la frustración y la incertidumbre, trabajar la soledad y la dificultad para crear vínculos, revisar tus relaciones, tomar decisiones con mayor claridad, y distinguir entre aquello que realmente quieres y aquello que estás sosteniendo por miedo, presión o inercia.


Porque quizás el objetivo no sea conseguir que migrar deje de ser difícil, quizás sea conseguir que, a pesar de las dificultades, puedas mirar la vida que estás construyendo y pensar: “esta vida se parece a mí.”, “esta vida tiene mi ADN.”, “puedo hacer de este lugar mi hogar.”


Si estás viviendo un proceso migratorio y te has sentido identificado o identificada con alguna de estas experiencias, puedes escribirme, podemos trabajar juntos para comprender lo que estás viviendo, recuperar tu equilibrio emocional, tomar decisiones con mayor claridad y construir una vida que tenga sentido para ti.


Paloma Gajardo 


Psicóloga | Terapia online Adaptación migratoria · Ansiedad · TDAH adulto · Alimentación emocional · Terapia de pareja

 
 
 

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