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Cómo afecta la migración en la relación de pareja







Migrar pone a prueba a las parejas de formas que pocas personas anticipan.


Cuando dejamos nuestro país, la pareja suele convertirse, durante un tiempo, en nuestra principal —o única— red de apoyo. Esperamos contención, empatía, ayuda y compañía mientras intentamos reconstruir una vida desde cero.


Vemos migrar como una oportunidad para crecer, construir algo propio y comenzar una nueva etapa, pero la realidad muchas veces incluye desafíos que no dimensionábamos.


La relación deja de enfrentarse únicamente a sus diferencias habituales y comienza a sostenerse sobre una base de estrés migratorio: pérdida de la red de apoyo, incertidumbre por la residencia, trámites, homologación de títulos, cambios laborales y económicos, adaptación a una nueva cultura, nuevas reglas y una sensación constante de estar empezando de nuevo. En ese contexto, la sensibilidad aumenta. Conflictos que antes parecían manejables pueden sentirse mucho más intensos. Ambos necesitan más apoyo emocional, pero muchas veces ambos también están agotados.


Cuando la pareja migra junta, uno puede encontrar trabajo antes, adaptarse más rápido o construir una red social con mayor facilidad. Cuando no se logran manejar bien estas diferencias, pueden generar frustración, culpa o resentimiento.


Cuando sólo una parte de la pareja migra, puede pasar que quien permanece en el país de origen no siempre alcance a dimensionar las renuncias, pérdidas y desafíos cotidianos que implica empezar una vida en otro lugar. Esa falta de comprensión puede transformarse, con el tiempo, en distancia emocional.


Como terapeuta de parejas veo con frecuencia estas crisis, que no necesariamente hablan de incompatibilidad (y que rara vez en terapia de pareja, estamos ante un problema de incompatibilidad como tal). Muchas veces estos problemas reflejan el enorme peso del contexto sumado a una baja en los recursos con los que antes se contaba.


Una terapia ayudará a desarrollar habilidades que permitan atravesar esta etapa juntos: ajustar expectativas, regular las propias emociones, y aprender a co-regular al otro cuando se desregule, comunicarse con mayor claridad, responder a quejas mal planteadas, hacer peticiones sin dañar el vínculo, etc. 

Ya que una relación no se fortalece por la ausencia de dificultades, sino por la capacidad de afrontarlas como equipo.


El amor es conducta: son las acciones cotidianas que hacen que el otro se sienta visto, valorado, escuchado y seguro. 

Y esas conductas pueden aprenderse, practicarse y transformarse.


Soy Paloma, psicóloga chilena viviendo en España. Me especializo en terapia de pareja, sexología y duelo migratorio.

Acompaño tanto a personas que viven en Chile como a quienes han construido su vida lejos de su país para fortalecer sus relaciones en medio de los desafíos que implica migrar.


¿Has observado cómo la migración ha impactado tu relación de pareja?

Si es así estaré encantada de leerte


 
 
 

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Psicologa Las Condes Online | Psicóloga Chilena en España

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